Presentación del 56º Salón Arturo Michelena

La realización de un salón de arte, en nuestro tiempo, por su propia naturaleza compleja y dinámica, requiere de una especial disposición a la creatividad, apertura y pluralidad como esencia fundamental de este ejercicio, que involucra el sentido de renovación sobre la base de su propia evolución y las exigencias presentes en las formas de arte, territorio que explora y juzga. Todo este vivo escenario cambiante y exigente debe ofrecer respuestas igualmente creativas e inteligentes para el público. Porque más allá del proceso de premiación, consecuencia lógica y objetivo terminal del evento, se establece la dimensión social del mismo, en su requerimiento y acción colectiva, donde asiste el público de diversas características y estratos de interés, que fundamentalmente se estima ávido o en menor grado motivado, y que debe ser atendido. Este proceso, incluye también y muy especialmente, a los artistas, admitidos o rechazados, quienes asisten al Salón con el interés particular de interpretar la presencia o ausencia de su obra, con interés ambivalente, en un marco generado por los criterios de un jurado, que actúa en este caso, a modo de curador selectivo, emprendiendo el compromiso de organización, coherencia y referencialidad de un envío voluntario, heterogéneo, diverso, aunque concomitante de nuestra realidad artística. No obstante, este deberá también, formular vías desde distintas dimensiones, proporcionar vías factibles de comunicación de tales entidades. A ellas, se le permitirá acceder al público a través de genuinas asociaciones del arte y sus propias relaciones libres y confluentes en este espacio común.



A partir de los conceptos de pluralidad, dinamismo y apertura nuevamente, el Comité Permanente del Salón Michelena inició sus discusiones con el propósito de fortalecer este escenario, reflexivo y permeable a las diversas propuestas, de quienes asisten a confluir y a confrontarse. Pero también exigente, y alternativo, condiciones imposibles de desasociar del carácter emergente de las expresiones que habría de albergar. En este sentido, para reforzar su acción, se decidió, por primera vez, invitar a un grupo de catorce artistas, cuya obra, trayectoria, innovación y repercusión en las artes nacionales fuese referencial, como símbolo definitorio de las renovadas dimensiones del Salón Michelena. El Jurado de Admisión del 56 Salón Arturo Michelena, por su parte, reunió en su prolongado itinerario 59 obras recibidas por libre convocatoria, que ahora veremos en los espacios del Ateneo de Valencia dispuestos por el diseño museográfico de Guillermo Barrios, y las lecturas de Ricardo Bello, José Napoleón Oropeza y Federica Palomero, confrontándose por sí mismas, por los premios o sin ellos, con la afirmación de su presencia como espacio vivo del arte en Venezuela.

Un especial agradecimiento a los diferentes centros de recepción y admisión, al Jurado de Admisión por su entusiasmo y compromiso con el Salón, al distinguido Jurado de Calificación, a los artistas invitados, a los participantes, patrocinantes y al equipo que hizo posible, otra vez, una nueva edición.

 

 

 

Nadia Colasante Materán
Directora de Artes Visuales

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